EN AQUEL TIEMPO
06.05.2010. 05:03
9 – Mayo - 2010-05-02
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: <<El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en el. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he habado de esto ahora que estoy vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os o enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: <<Me voy y vuelvo a vuestro lado>>. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo>>". Juan 14,23-29
EN AQUEL TIEMPO
Jesús, una vez finalizada la misión que el Padre le encomendó, inicia el camino de regreso al Padre. Atrás queda su mensaje el cual cambiará el curso de la historia venidera, el curso de los tiempos hasta los días de hoy, ejerciendo una poderosa influencia en los hombres y mujeres.
El retorno de Jesús al Padre no significa que quedemos abandonados, huérfanos. El Espíritu Santo será el encargado de perpetuar las enseñanzas de Jesús en las mentes y en los corazones de todos los que crean en Él. El Espíritu Santo será el que actualice y anime a los discípulos a continuar la misión del Maestro, la de extender el mensaje de salvación por todo el mundo.
Esta es hoy nuestra misión, la de todos los que confiesan con sus labios y con su testimonio que Jesús es el Señor. Y es el antiguo ruaj, viento divino quien impulsa y renueva, transformándose en Ánima, Espíritu que alienta la vida de todos los que se acercan al calor divino.
El amor del Padre y del Hijo es el cable conductor que nos permite estar en sintonía con el Maestro, que ha sido derramado sobre toda la humanidad.
Por medio del Espíritu Santo Dios derramó su amor y nos bendijo con el don de la paz. La paz de Dios, la que brota del pacto solidario, la que germina en los corazones, la que nace abundante en el terreno del amor al prójimo.
Queridos, pongámonos en la presencia del Paráclito y digámosle: Ven Espíritu Santo, ven promesa del Padre, ven aliento de paz. Pacifica todo nuestro ser y empújanos hacia el compromiso solidario, para que nuestras vidas sean reflejo del amor de Dios para con todos los hombres nuestros hermanos.
Manuel Rico
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España
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